Fogo, la historia de quienes viven con el enemigo en casa

pico grande en el parque natural de Fogo

En Fogo y en todo el mundo, cuando un volcán entra en erupción nunca pide permiso a nadie.

Se trata de una especie de visitante despreciable que invade la intimidad de las casas, forzando a las personas a dejar atrás todas sus pertinencias y recuerdos.

A continuación, os presentamos una pequeña historia que vivieron nuestros compañeros de diariesof en la isla de Fogo. Una pareja de viajer@s que se adentran siempre con las comunidades locales allá donde viajan y nos narran increíbles historias por todo el mundo. Podéis acceder a sus contenidos a través de su web. Esperamos que os guste nuestra adaptación:

Desde la ventana del coche nos dimos cuenta de que llegamos al parque nacional de Fogo, lugar donde pudimos presenciar por primera vez el imponente Pico y divisar la lava de las erupciones de 1951 y 1995. Era un paisaje totalmente infértil y hostil. No negamos que era tal y como nos lo imaginábamos, pero una vez lo vives en primera persona la sensación es impresionante y las emociones corren a flor de piel.

En un escenario repleto de oscuras arenas de cenizas por todas partes, divisamos una tierra fértil creada por los procesos volcánicos y la erosión de los vientos. ¿Vino volcánico? Pues se ve que sí… Seguimos con nuestra ruta hacia un paisaje un tanto más agresivo. Silencio absoluto, solo el viento irrumpe esta desoladora postal. Nuestros ojos ven un flujo de lava perfectamente definido de tal belleza y estética, que genera movimiento en esta instantánea. Pura roca negra con un curioso reflejo iridiscente azul que conforma un mar de olas de lava, algunas de ellas, aun humeando. El alcance de esta lengua devastadora fue inmenso.

Cha, el pueblo desaparecido sepultado por la lava

“Esto es: Cha das Caldeiras enterrada hasta 90 metros de profundidad”, pronunció nuestro conductor impasible mientras giraba su coche rumbo de nuevo a Sao Filipe. Nos quedamos tan perplejos que no reaccionamos ni para despedirnos mientras el coche se alejaba. Cha ya no estía, desapareció en 2014. No estábamos preparados para presenciar ese escenario. Aún pudimos ver múltiples tejados de las casas o el de la iglesia intentando asomarse entre el negro mar de lava. Hoy en día, algunos de sus habitantes intentan construir sus casas encima de las sepultadas.

Inmersos en esa situación, nos llevó unos cuantos minutos procesar todo aquello y absorber la pura realidad. Cha das Caldeiras se había hundido entre el magma.

Cha das caldeiras casas sumergidas en la lava

Casas enterradas en Cha

detalle de las lenguas de lava

Detalle de las formaciones de lava

Empezamos a caminar hasta que vimos una de las casas que nuestro chófer mencionó; se trataba de la casa de Bébé. Ella dirige una pequeña tienda de conveniencia donde vende unos pocos productos como agua, vino, galletas y atún. Ocasionalmente hornea pan y cuando le pedimos si podíamos comer, nos preparó una deliciosa tortilla. Bébé solía tener un famoso restaurante en Cha. Después de perderlo todo durante la erupción, reconstruyó su casa y el restaurante unos cuantos metros más allá de la lava sin ningún tipo de ayuda por parte del gobierno. Nos quedamos perplejos de su coraje, y también por sus ojos claros y su pelo rubio.

Después de divagar un poco, cuando preguntamos por el vino volcánico, nos dimos cuenta de que en su etiqueta se podía leer Bébé Montrond. ¡Ella era descendiente del francés Duque de Montrond!, quien en 1872 introdujo los viñedos en la isla y el consecuente responsable de la presencia de ojos azules y pelo rubio en la isla.

Por la noche, un estruendo seguido de un temblor de la tierra nos despertó de repente

La noche llegó, y muy amablemente nos permitió montar nuestra tienda en su parcela. A lo largo de unas cuantas noches fuimos vecinos sobre la lava joven. Sin electricidad, el cielo era de los más estrellados que vimos hasta el momento. Por la noche, un estruendo seguido de un temblor de la tierra nos despertó de repente. Pensamos en lo peor, estando encima de tierras volcánicas activas… pero no había razón alguna para entrar en pánico. Al día siguiente nos dijeron que era simplemente la lava agrietándose debido a las presiones de la misma.

 

La ascensión al pico de Fogo, otro punto de vista único

Una mañana, a las 6 en punto estábamos listos para empezar la ascensión al Pico Grande. Nos acompañaría Valdir, hermano de Bébé, y a pesar de no ser una ruta muy técnica, no deja de ser una ascensión de 1200 metros hasta los 2829 metros de altura. Agradecimos la presencia de un guía local ya que cuesta seguir la ruta debido a que el camino es muy difuso.

Andar sobre la tierra de lava joven es una experiencia sobrenatural donde uno puede sentir la lava agrietándose en sus pies. En ocasiones, también podemos ver como aún se escapan pequeñas columnas de humo. La tierra está viva.

La ascensión nos deparaba vistas increíbles. A medida que íbamos ganando altura vimos que el gran cráter estaba manchado de pequeños conos volcánicos de distintos tamaños y colores. A lo largo del camino, nos encontramos con senderistas de distintas edades que se tomaban su tiempo contemplando las magníficas vistas. Finalmente, cuando coronamos el pico apreciamos las vistas panorámicas sobre los 9 quilómetros de ancho que conforman la caldera, cuyas paredes de más de 1000 metros de altura quedaban por debajo de nuestros pies; una sensación de inmensidad máxima. Debajo del cráter había un mar de nubes y ese paisaje tan insólito creaba una atmosfera única, dejando a cualquier senderista estupefacto una vez llegaba a la cumbre.

imnensidad de la caldera de Fogo

Inmensidad de la caldera de Fogo

personas descendiendo por las cenizas y la lava

Descenso por las cenizas

Nos tomamos en broma a Valdir cuando nos dijo que el descenso sería una carrera express, pero fue exactamente en lo que se convirtió. Un descenso a toda velocidad por las laderas volcánicas con los pies cubiertos por cenizas y levantando una estela como si fuésemos esquiadores en una especie de nieve negra.

Cuando llegamos a la base empezó a oscurecer, pero aún teníamos que ver los tejados de las casas asomándose entre el mar de lava. De repente tuvimos una vista privilegiada de una zona que la lava no cubrió y nos dimos cuenta de lo fértil que era esa tierra. Había una variedad de árboles y viñedos cuyo verde contrastaba fuertemente con el resto del paisaje. Higos, melocotones, manzanas y granadas y otros que no fuimos capaces de reconocer; todos esquivaron la lengua de lava y permanecieron intactos, recordando a los habitantes la fertilidad de esta tierra.

Y es que la vida es esto, contrastes de la naturaleza. Son estas imágenes de brotes verdes algunas de las razones por las cuales la gente de Fogo no quiere abandonar el cráter, a pesar de tener un volcán activo como vecino.

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